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No tengo claro qué viene después, y eso también está bien

Durante casi todo el colegio estaba segurísima de que iba a estudiar ingeniería mecatrónica en el TEC. Segurísima nivel no había plan B. Me gustaban los robots, electrónica, entender cómo funcionaban las cosas, desarmar ideas (y probablemente cosas físicas también).


Pero en quinto año (último año del colegio) pasó algo que no tenía nada que ver con ciencia o tecnología: las elecciones presidenciales en Costa Rica. Segunda ronda. Carlos Alvarado vs. Fabricio Alvarado. Y de pronto, sin darme mucha cuenta, empecé a hablar de política. A discutir, a leer, a preguntar, a cuestionar. Ahí apareció una nueva posibilidad: ciencias políticas.


Al mismo tiempo, siempre me había encantado comunicar y contar historias (Professional Yapper since 2001). Así que ciencias de la comunicación también empezó a rondar mi cabeza. Y por si eso no fuera suficiente, física también fue una opción. Por otra parte el espacio siempre fue *EL* tema para mí. La exploración, la investigación, el universo me tenía obsesionada desde que tengo memoria.


Y por supuesto la confusión seguía creciendo cuando empecé a trabajar a los 17 años en Intel. Big tech. Mundo corporativo. Entonces decidí estudiar Ingeniería Informática. Era lógico. Funcionaba. Tenía sentido. Y durante años trabajé en grandes empresas tecnológicas (Intel, CitiBank y P&G).




Pero la espinita seguía ahí. El espacio seguía llamando. Hice misiones análogas, vuelos de gravedad cero e investigación, pero algo faltaba. En los últimos años empecé a investigar otra cara del espacio, una que me empezó a preocupar mucho más (hablaré más a profundidad de esto en otro post). Ciencia, poder, intereses, política, quién decide qué y para quién.


Y entonces pasó algo que todavía me cuesta creer y fue colaborar con UNOOSA (United Nations Office for Outer Space Affairs) para el programa Space4Women. Ver mi nombre en una sala de Naciones Unidas en Kenya, representando no solo a mi país, sino a toda Centroamérica. Ahí entendí algo clave: mi voz importaba. Y no solo para hablar de ciencia, sino para hablar de nuestro papel como mujeres en el espacio desde una perspectiva centroamericana, para hablar de política, y de cómo construimos puentes entre estos mundos que a veces parecen separados, pero no lo están.


Después de tantos años compartiendo mi vida entre la tecnología, la ciencia, y el espacio en redes sociales, todo hizo clic: lo que tenía que hacer era estudiar comunicación de la ciencia.


Charla en el Colegio COVAO, 2024.
Charla en el Colegio COVAO, 2024.

Y aquí estoy. Haciendo un máster en una de las mejores universidades del mundo, aprendiendo desde filosofía de la ciencia hasta ciencia ficción, juntando todas las piezas que parecían sueltas.


Ahora que lo pienso de una manera hago todo lo que siempre quise hacer, ciencia, tecnología, comunicación y política.


La moraleja de esta historia es simple (y tranquilizadora): la carrera nunca es una línea recta. Cambiar de opinión no es fallar. Es crecer. Es escuchar. Es atreverse.


Mi consejo (que honestamente no sé si es un buen consejo) es este: escuchen la intuición. Cambien de rumbo si hace falta. Y busquen, siempre que puedan, hacer eso que les emociona, aunque todavía no sepan exactamente a dónde los va a llevar.


Porque a veces, no tener claro qué viene después… también está bien. :)

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